SENCILLAMENTE
SIMPLE….
“Deberíamos
considerar cada día como una oportunidad más de acceder a la belleza y utilidad
de las cosas simples que la vida nos regala”.
Considerado como valor a defender, lo sencillo es , simplemente, lo que
no tiene dobleces ni ambigüedades, lo que carece de recovecos y de trampas.
Sencilla es la persona que se muestra como es, que habla de manera clara, que
va directa al punto, sin rodeos, mostrando desde un principio su posición y sus
intenciones, lejos, muy lejos de la exigencia, del doble discurso o de la
manipulación de ocultos maquiavelos que esconden de la mirada del afuera su
intención titiritera.
La
sobre valoración del intelecto y de todas las cosas que solo la razón puede ver
ha producido un efecto devastador sobre nuestra percepción de los hechos,
logrando enfrentarnos con la máxima paradoja: no resulta nada fácil conectar
con la sencillez de las cosas simples. Lo sencillo es difícil de aceptar y
complicado de transmitir. Estamos tan acostumbrados a dar tanto crédito a
nuestros supuestos y presunciones, que la realidad, tal como es, suele
parecernos increíble o sospechosa de algo. Pero nos enredamos, nos complicamos…
y nos equivocamos. Hemos construido un mundo tan sofisticado, tan alejado de la
naturaleza, con tantas cosas que se interponen entre nuestra percepción y los
acontecimientos, que cada vez nos resulta más difícil acceder a lo sencillo, a
lo que se ofrece a nuestros sentidos, a lo que nos permitiría vivir de un modo
más relajado, más recostado en lo que es y no en lo que se representa. Y lo
peor es que ¿ estamos orgullosos de ello!.
En
lugar de salir al patio, a la calle, abrir la ventana o ir al balcón para saber
cómo está el día, encendemos la televisión para escuchar la predicción del
tiempo. El mundo es tan sofisticado, tan alejado de la naturaleza, que cada vez
nos resulta más difícil acceder a lo sencillo…
La
conducta eficaz y simple construye, mientras que las ideas catastróficas, los
análisis sin fin, pueden enturbiar la mirada. La filosofía budista sostiene que
finalmente todo está en la mente y terminaremos convirtiendo nuestra vida en
aquello que pensamos de ella.
El
principio sería la manera en la cual empezamos cada día. Deberíamos, pues,
habituarnos a considerar cada nuevo día como una oportunidad más de acceder a
la belleza y la utilidad de las cosas simples que la vida nos regala, en lugar
de sumergirnos en las complicaciones dela alta complejidad, la incluso más
elevada competitividad y las incuestionables “reglas de mercado”, ya que son
estas últimas las que terminan distanciando de nuestra capacidad de disfrutar
de lo sencillo: espontaneidad, la frescura, la ingenuidad y la sorpresa de lo
inesperado…
La
conspiración contra la sencillez tiene una mayor aliado en las campañas
publicitarias que inventa, para su propio y exclusivo beneficio, la sociedad de
consumo. “ Lo básico y necesario para ser feliz, para sentirse pleno, para
estar conforme y satisfecho con la vida que se lleva y de las cosas que se
tienen”.
Con
increíble ingenio, y muchos millones para gastar, los especialistas en
marketing nos hacen creer que el mundo real es aburrido e insuficiente
comparado con aquel que nos propone la publicidad, lleno de efectos especiales,
fuegos artificiales, arco iris multicolores y felicidad accesibles al instante.
Volver
a lo simple es también rescatar los modelos de convivencia amigable y llenos de
cortesía que eran naturales en el comportamiento social hasta hace menos de
medio siglo, como recuperar la saludable costumbre de saludar a todas las
personas con la que uno se encuentra, aunque sean desconocidas, por el único
motivo de haberse cruzado conmigo, es un ser humano, un semejante que existe y
merece ser tratado como tal. La estridencia, los excesos, la ostentación y
cultura de la apariencia con comportamientos que, claramente, se oponen a la
armonía natural de la vida.
La intriga, los chismes, las manipulaciones y
la falsedad son maneras de complicarse la vida y de complicar nuestro paso por
el mundo, alejándonos del equilibrio y de la plenitud que devienen del contacto
con la verdad más sencilla y simple.
REVISTA:
MENTE SANA, Nº 102. JORGE BUCAY